Es
uno de los poetas suecos más influyentes en las letras universales,
traducido a más de cuarenta idiomas y galardonado con importantes
premios internacionales. Aun así, el Nobel me parecía difícil, porque no
deja de ser sueco y la paradoja persigue especialmente a los poetas.
Parece
fácil decir que a los poetas todo se les convierte en acontecimientos,
pero es así. Hace unas semanas recibí una llamada de Babelia -el
suplemento cultural de este periódico- proponiéndome entrevistar a Tomas
Tranströmer. Un diálogo de poeta a poeta, así me lo dijeron. Ajusté la
idea, pensando que al menos un poeta grande iba a ser entrevistado por
uno de sus lectores.
Tomas
Tranströmer responde mis preguntas por escrito. No por la moda
electrónica de nuestra época, sino porque hace dos décadas que se
comunica así con el mundo. Él mismo hará alusión en la entrevista al
ictus que sufrió hace unos años. Aquello lo privó del habla, y dejó
paralizada la mitad derecha de su cuerpo. Sus lectores siguen asombrados
y desconcertados porque el propio poeta había publicado varios años
antes unos versos que anunciaban una hemiplejia. Está reconocido
internacionalmente como alguien que pone absolutamente al día las
antiguas funciones del poeta. Hemos intercambiado correos electrónicos
con la ayuda de su traductor, el poeta uruguayo Roberto Mascaró.
PREGUNTA.
Pocos poetas actuales han dejado tan claro que Horacio se encuentra en
su principio. En su primer libro, escrito en plena juventud, guardó
usted un torrente poético vanguardista en las serenas formas horacianas.
RESPUESTA.
En la década de los cuarenta, el estudio del verso clásico, además de
la lectura y la traducción de Horacio, estaban incluidos en los estudios
secundarios. Los alumnos tenían 17 o 18 años, y fue por ese tiempo que
empecé a escribir poesía. Sentíamos a Horacio tan contemporáneo como
René Char y los otros surrealistas. Realmente, era "tan ingenuo que se
transformó en sofisticado", es decir, se confundió lo que para mí era
algo cotidiano y normal (recibir influencia de Horacio) con un gesto de
'vanguardia'.
P.
Veo, por cierto, muy horaciana su percepción del hielo y la nieve, en
la medida en que propician el apartamiento. ¿Sigue usted reclamando diez
minutos de soledad poética para inaugurar el día y clausurarlo?
R.
Ahora, ya cumplidos los 80, tengo tiempo de sobra para satisfacer mi
necesidad de soledad. Hoy son otras las dificultades para mi ejercicio
de la escritura.
P. La sonoridad de su poesía es un placer. Por ejemplo
barkborrarnas protokoll suena también rotundo en la traducción: "El protocolo de la termita".
R. ¡El sonido de las palabras me proporciona una inmensa alegría!
P.
Hablemos también de la metáfora, el recurso al que un poeta recurre con
la mayor naturalidad del mundo, y que a veces es rechazada,
especialmente por parte de los jóvenes. Es preciosa la sencillez de esta
metáfora: "Un kilo pesaba apenas setecientos gramos". No hay modo mejor
de expresar la ligereza proporcionada por la luz de la nieve.
R.
Para mí, el pensamiento en forma de imágenes es una base fundamental
para la poesía. Los jóvenes, y en general todos nosotros, somos hoy
inundados de información, imágenes y un perpetuo fotografiarlo todo que,
sin duda, embota nuestro pensamiento en imágenes. Sin embargo, tengo la
sensación de que el rechazo a la metáfora que se notaba claramente en
Suecia hace como un lustro se ha modificado; y la metáfora no es algo
que produzca hoy rechazo.
P.
Usted ha escrito: "Esta tarde se refleja la belleza del mundo". Quizá
los poetas y sus lectores sean los más sensibles al bien y al mal en
estado puro. Es apasionante esa voz que usted guarda en un poema, la que
dijo "Hay uno que es bueno / hay uno que puede verlo todo sin odiar".
R. Esas últimas líneas pertenecen a un poema que se llama
En el delta del Nilo,
y que está basado en un hecho auténtico y en un sueño que tuve cuando
viajaba por Egipto con mi esposa. La zona rural de Egipto era, hace 50
años, parte del mundo subdesarrollado, y el encuentro con esta realidad
fue para nosotros muy provocador. En el sueño llegó esta voz, que no sé
qué representaba, pero sé que me dio una especie de consuelo; no provocó
una aceptación pasiva a esa realidad, sino más bien brindó un
sentimiento de esperanza y de la posibilidad de transformación.
P.
Imagino que haberse formado y haber ejercido su profesión fuera de la
literatura le ha permitido mayor libertad. Me refiero tanto a la
creación misma de los textos como a su independencia personal.
R.
Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una
familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que
no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto
elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido.
P.
Es muy valiosa la poesía que circula fuera de los libros. Usted envió
algunos de sus primeros haikus como felicitación de Año Nuevo para su
amigo Åke Nordin. ¿Fueron escritos también pensando en ese formato más
breve, más poético que literario?
R.
Åke Nordin, que era también poeta y psicólogo, trabajaba como director
de una prisión para jóvenes. Fue a través de Nordin que yo también
comencé a trabajar en la prisión de Roxtuna. Los nueve haikus fueron
escritos como agradecimiento de una visita a la prisión. Fueron enviados
en forma de carta. Eso fue en 1960, sin que tuviese planes de
publicarlos. Cuarenta años después, alguien descubrió la carta y los
haikus se publicaron hace poco, junto con mis poemas completos.
Estamos
conversando sobre el mapa de Europa, de norte a sur, como si nada. Pero
quizá haya algo que matizar ahí. La Europa profunda que Tranströmer ha
detectado en sus libros va más allá de las descripciones: "La catedral
ennegrecida, pesada como una luna, hace flujo y reflujo". En esas líneas
se contiene una definición simbólica de Europa. Cosa que no debe
desdeñarse, porque es actualidad pura.
P. Ante la fragilidad económica de Europa, ¿podemos pensar en una poesía europea, con independencia de los idiomas?
R.
El poema va a depender siempre de la lengua en que nació. Pero tal vez
en el futuro va a ser más fácil para el poema atravesar fronteras.
P.
El sueño (de dormir) y los sueños (de soñar) son constantes en su obra.
No ha tenido miedo a ver en el despertar una resurrección. ¿Es el poeta
el que mejor puede convertir el sueño o los sueños en lenguaje?
R.
Un poema no es otra cosa que un sueño que yo realizo en la vigilia. El
sueño y el poema vienen de la misma persona. Tienen algunas leyes
compartidas. Tengo una relación de mucho amor con el sueño. Me voy a la
cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi siempre una
desilusión.
P.
A un poeta tan cercano a la música, que también es músico, atento a la
escultura, a la pintura, le pregunto: ¿corresponde a la poesía ser el
arte que contiene todas las demás artes?
R.
Si la poesía contiene todas las otras artes, eso no lo sé. Pienso a
menudo en imágenes, y la música es una parte importante de mi vida. Esto
se expresa, naturalmente, en mi escritura de poemas.
P. Convierto en pregunta una afirmación suya. No le pido más que un monosílabo. ¿Todo canta?
R. Le respondo con tres sílabas españolas: ¡a veces!
Tomas
Tranströmer contesta de tres modos muy distintos, y en los tres se
aprecia su trato poético con el lenguaje. Normalmente "responde
respondiendo", si se me permite la obviedad (y se nota al poeta en su
amor al sonido, a las sílabas, en las metáforas, como la de la fiesta).
Sin embargo, también se ha explayado por su cuenta, fuera de lo que le
propongo, en una excursión por las cosas que también es propia de un
artista. A raíz de la última pregunta, que le obligaba a sujetarse a un
monosílabo, ha querido desbordarse añadiendo una serie de preciosos
comentarios sobre la música, lo que da la clave de la enorme importancia
que este arte tiene para él: "A menudo me preguntan qué significa para
mí la música. Hoy podría responder que la música significa si no todo,
una inmensidad de cosas. No tengo oído absoluto y tampoco una buena
memoria musical, pero la música me mueve de una manera muy intensa. En
mi temprana adolescencia, yo creía que la música sería mi profesión. Mi
camino hacia la música fue entonces el piano. Comencé a tocar en serio a
los 16 años, y el pasaje por mi primera crisis vital lo hice
martilleando el piano. Más tarde en la adolescencia, la escritura de
poemas fue lo dominante, pero la música ha sido siempre mi refugio
durante toda mi vida, y he tocado el piano diariamente. Después del
stroke que me afectó en 1990, he seguido tocando con la mano izquierda.
La música para la mano izquierda era para mí entonces un territorio
desconocido, y fue con asombro que fui descubriendo todas las obras que
se han escrito. He dedicado mucho tiempo, en los últimos años, a buscar
esas obras, con mayor o menor éxito. También se han escrito algunas
piezas para mi mano izquierda; como aficionado que soy, esto lo he
sentido como un gran honor".
Y,
casi a modo de compensación, hay varias preguntas a las que no ha
respondido, después de tomarse tiempo para pensarlo. Tal como está el
mundo, y siendo el tipo de poeta que es, estos silencios resultan tan
significativos como las respuestas, si no más.
No
ha respondido nada a una cuestión sobre los mitos, él, que sentenció
hace años que "el círculo interior es el del mito". Tampoco a la
posibilidad de que el poeta fuera un mediador entre la naturaleza y los
ciudadanos, cuando nos ha invitado a fluir "con el arroyo". Y en fin,
destaco aquí sus dos intensos silencios, que lo dicen todo, ante estas
dos preguntas:
P.
No sé si quiere añadir algo nuevo sobre la vieja cuestión del
compromiso político. No sé si quiere añadir algo a estas palabras de uno
de sus versos: "El funcionario del Partido...".
P.
Usted ha anotado que Dios escribe en la arena y lo ha sentido como un
soplo de viento. ¿Dónde queda, después de que estas dos líneas suyas "Y
la energía de Dios / arrollada en la oscuridad"?
Estos
silencios probablemente no sean una omisión o una negativa explícita a
contestar, sino algo mucho más fino: generalmente los grandes poetas no
tienen nada que añadir a lo que ya dijeron en verso. Prefieren no
incurrir en declaraciones que podrían alcanzar la categoría de
ocurrentes o actuales, pero siempre serán inferiores a lo que dijeron en
un poema. Por no hablar de que los asuntos muy delicados -mitos, Dios,
naturaleza, ciudadanos, compromiso- requieren la precisión máxima del
lenguaje, y esta se logra en el lenguaje poético. Así que los versos
citados quizá sean respuestas dadas con antelación. Quizá las únicas
posibles.
EL SÉPTIMO SUECO
-
"Porque, a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, nos da un
acceso fresco a la realidad". Esas son las razones de la Academia Sueca
para premiar a Tomas Tranströmer.
-
El poeta, nacido en Estocolmo en 1931, es el séptimo autor sueco
premiado en los 110 años de historia del Nobel. Los últimos habían sido,
en 1974 y ex aequo, Eyind Johnson y Harry Martinson.
-
Aunque Herta Müller (2009) ha publicado poesía, ningún poeta a tiempo
completo había ganado el premio desde la polaca Wislawa Szymborska
(1996). Según Peter Englund, secretario de la academia, tanto ella como
Seamus Heaney o el fallecido Joseph Brodsky fueron años atrás los
grandes valedores de la candidatura de Tranströmer.