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El misterioso metano de Marte se desvanece

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  • 21 sept 2013
  • José Almonacid Rojas
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  • Quizás nos encontrábamos antela primera señal de la existencia de vida marciana, una vida que podría sobrevivir bajo la superficie. Sin embargo, los últimos datos del Curiosity, el rover de la NASA que recorre la superficie de Marte desde agosto de 2012, niegan la mayor.

    El vehículo explorador, dotado con el instrumento más sensible para realizar las mediciones de metano, ha revelado que las cantidades existentes son prácticamente residuales. Apenas hay posibilidades de que sean producidas por un organismo microbiano que habite el subsuelo, ya que son muy reducidas. La hipótesis, tan excitante como controvertida, comienza a desplomarse como un castillo de naipes.

    Durante la última década, las observaciones de columnas de gas en la atmósfera marciana fueron realizadas con telescopios desde la Tierra o desde satélites en órbita. Los científicos barajaban que el metano podía haber llegado a Marte en meteoros que impactaron contra la superficie del planeta, ser el resultado de procesos químicos no biológicos o el fruto de organismos vivos (como la mayoría del metano en la atmósfera de la Tierra, que procede de la acción de bacterias en el tracto digestivo de rumiantes como las vacas). Incluso se especuló con la posibilidad de que balsas de vida podrían encontrarse en tres lugares cerca del ecuador marciano.

    SEIS VECES MENOS
    Ahora, un equipo dirigido por Christopher Webster, del Instituto Tecnológico de California y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, ambos en Pasadena, han analizado mediciones directas hechas por un instrumento del rover, el Espectómetro Láser Sintonizable, que rastrea muestras de aire y busca la firma química del metano. Y los resultados, que se publican en la revista Science , son decepcionantes. Nada de grandes columnas ni nubes. Según los datos, la mayor cantidad de metano que podría existir actualmente en la atmósfera marciana solo es 1,3 partes de mil millones en volumen. Esta medición es alrededor de seis veces más baja que estimaciones previas, y reduce en gran medida las posibilidades de la producción microbiana de metano en Marte. También constriñe la cantidad de metano que podría haber sido producida geológicamente en el planeta o importada por otro objeto como un meteorito, según los investigadores.

    No es la primera vez que el Curiosity se afana en buscar metano sin resultado. El pasado año, cuatro intentos acabaron también con las manos vacías, apenas unas pobres muestras. Qué pudo provocar la aparición de las grandes cantidades de metano encontradas anteriormente en el planeta sigue siendo una incógnita. Quizás las primeras mediciones estaban desacertadas o, quizás, esas nubes fueron destruidas por otros gases o desaparecieron por una razón desconocida. Eso sí, la escasa presencia de metano no significa que no pueda existir vida marciana, aunque las pistas para dar con ella deberán ser, posiblemente, otras.

    Michael Mayor: Es imposible viajar a los planetas extrasolares, están demasiado lejos

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  • 27 jun 2012
  • José Almonacid Rojas
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  • Entrevista a Michel Mayor, quien junto con su colaborador Didier Queloz, descubrió en 1995 la existencia de mundos fuera del sistema solar, algo que era una fantasía de muchos y una posibilidad (con algún indicio astronómico) para los científicos. Desde entonces, esa idea, la de los planetas extrasolares, es una realidad.

    Fueron los descubridores del primer cuerpo de este tipo, 51 Pegasi, en órbita de otra estrella, y se abrió así un nuevo campo de investigación muy fecundo: más de 750 planetas ya identificados y el conocimiento sobre cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios en el universo. Mayor y Queloz han recibido este año el Premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas de la Fundación BBVA.

    Mayor, a sus 70 años, profesor -ahora emérito- de la Universidad de Berna, sigue investigando en primera fila sobre los planetas extrasolares, a los que llegó desde su formación como astrofísico teórico y sus investigaciones sobre los brazos de las galaxias espirales. Lo definitivo, dice, fue la puesta a punto de un método de detección indirecta de esos planetas mediante la observación sutil de los movimientos que inducen gravitatoriamente en los astros que orbitan. 

    Pregunta. El primer planeta extrasolar que ustedes encontraron, 51 Pegasi, hacía realidad un sueño de mucha gente. ¿Lo era también para los astrónomos?
    Respuesta. En la primera parte del siglo XX, muchos astrofísicos no creían que hubiera otros mundos en el universo. Pero cambió el paradigma en los años cuarenta y se empezó a pensar que podría haber planetas en torno a otras estrellas, aunque la mayoría de los científicos pensaba que sería muy difícil descubrirlos. 

    P. ¿Cómo fue el hallazgo de 51 Pegasi? 
    R. No es inmediato. Hay que ir acumulando muchos datos, muchas medidas tomadas noche tras noche hasta que empiezas a ver algo. En enero de 1995 teníamos la primera indicación, pero no estábamos convencidos. Repetimos las observaciones y los análisis... y solo cuando estuvimos seguros lo presentamos. La clave fue desarrollar una técnica -cuya primera idea tomé de un astrónomo británico- y un instrumento de observación. Tenga en cuenta que los planetas son muy pequeños (la Tierra es 300.000 veces menos masiva que el Sol) y oscuros (solo reflejan una pequeña parte de la luz de la estrella). Los mundos como el nuestro son solo pequeñas rocas en el universo. 

    P. ¿Coincide el atractivo que tienen estos objetos para mucha gente con el interés científico? 
    R. Los planetas despiertan un enorme interés en la gente porque significan el inicio de un sueño de vida en esos mundos. Para los científicos son un área nueva de investigación que estudia cómo se forman los sistemas planetarios y su evolución. 

    P. Vida... y viajes. 
    R. El hombre fue a la Luna y tardó unos tres días. Siendo muy optimistas, el planeta extrasolar habitable más próximo estaría a unos 30 años luz, es decir, 1.000 millones de veces más lejos que la Luna, así que se tardaría muchísimo. Cabe pensar en nuevas tecnologías para viajar más rápido, pero el coste energético sería descomunal, algo completamente loco, y viajar a una velocidad cercana a la de la luz... En realidad es un problema de leyes físicas, no de tecnología. Así que visitar esos mundos es impensable porque están muy lejos. Para aprender algo de ellos nos queda observarlos con telescopios. 

    P. Se han descubierto ya más de 750. ¿Qué interés tiene hacer una lista cada vez más larga? 
    R. Son 750 definidos con sus características, pero hay unos 2.000 más por confirmar, detectados por el telescopio Kepler. Y no es una acumulación sin más. Estamos descubriendo constantemente cosas interesantes, como sistemas múltiples, planetas en torno a dos estrellas, diferentes tamaños y órbitas... Además, estamos haciendo análisis de la composición química de la atmósfera de esos objetos y conociendo su temperatura. Hay una gran diversidad de sistemas planetarios. 

    P. ¿Se puede encontrar vida en esos mundos? 
    R. Tengo que remontarme a tres décadas atrás, cuando una nave espacial que se alejó de la Tierra obtuvo los espectros de luz de Marte, la Tierra y Venus, y se vio que eran diferentes sus atmósferas. En la de la Tierra destaca la firma química muy clara del oxígeno, algo completamente anormal: si exterminásemos toda forma viviente aquí, tras unos pocos millones de años, quedaría solo una fracción pequeña de oxígeno. Luego es un indicador de vida y podemos buscar su señal en planetas extrasolares con telescopios. 

    P. Suponiendo que toda forma de vida en el universo sea como la nuestra. 
    R. Una característica esencial de la vida es la capacidad de pasar información de una generación a la siguiente, información contenida en el código genético, y el ADN es una cadena muy larga de átomos. Además, los procesos de la vida exigen un determinado rango de temperatura, porque si es muy alta las cadenas se rompen y si es muy baja la química es ineficaz. Así que el dominio de habitabilidad depende directamente de estos parámetros. 

    P. La competición entre equipos científicos por descubrir planetas extrasolares es muy intensa. ¿Es saludable esa carrera? 
    R. Un aspecto es muy bueno: el estímulo para obtener más datos y hacer mejores análisis... Lo malo es cuando se estimula demasiado el ego de los científicos y se busca la excesiva atención de los medios de comunicación. Ahora nosotros tenemos unas cámaras muy buenas (la última instalada en Canarias) y los estadounidenses tienen el Kepler. 

    FUENTE: El País Digital

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